viernes, 24 de septiembre de 2010

Consejos de Schumann a los jóvenes músicos

Considero necesario, en estos tiempos tan materialistas, tan comerciales, en los que vivimos, comentar un extracto de los consejos a los jóvenes músicos, escritos por el compositor alemán Robert Schumann (1810-1856) para que sirviesen de prefacio a su Álbum para la Juventud.
Los dedico especialmente a mis alumnos, nadando contracorriente en el río de los resultados rápidos, para que tomen conciencia, sobre todo, de las últimas palabras que van a leer en este artículo; tened paciencia y leerlas sólo cuando les toque su turno, no seáis como aquellos que a los pocos meses de estudio, ya quieren dedicarse, profesionalmente, a una actividad que, como nos dejó dicho Beethoven, es más elevada que toda filosofía, que toda religión.
Schumann empieza su lista de consejos sugiriéndonos que eduquemos nuestro oído; poco después, nos habla de la importancia que tiene cantar en coro.
Pensemos en estas palabras, escritas a mediados del siglo XIX, cuando aún hoy, casi doscientos años después, quedan ignorantes que en demasiados casos son hasta profesores de música, que opinan que se tiene oído o no hay nada que hacer; el oído se educa y Schumann ya lo sabía, como lo sabemos los pedagogos musicales que hemos ido comprobando cómo muchas personas, desahuciadas por su "mal oído", a través del trabajo y los años de paciencia llegan a cultivarlo y así poderlo disfrutar.
Por otra parte, cantar en coro es imprescindible para que una sociedad funcione adecuadamente; conlleva esta actividad una disciplina superior que es la mejor vitamina para derribar las barreras de la vida. Mucho queda aún que lograr en nuestro país, España, para llegar a la altura de otros pueblos repletos de cantores, que incluso pagan una cuota por tener el privilegio de pertenecer a una agrupación coral. Me da mucha pena que aquí, cuando algún "sabio" apenas ha aprendido a descifrar dos o tres notas en clave de sol, ya esté pensando en cobrar, o en montar un negocio relacionado con la música (¡hay quien incluso comete el sacrilegio de llamar clientes a quienes solicitan servicios musicales! Señor, perdónalos, no saben lo que hacen, o, mejor, ¡no los perdones!); desgraciadamente nuestros coros no están libres de quejumbrosos aficionadillos, incapaces de reconocer lo afortunados que son al tener la oportunidad de poder cantar a varias voces las obras de los Grandes Músicos-Poetas.
Cambiando de tercio, varios de los consejos Schumanntianos se refieren a la formación escolástica del joven músico, pidiéndole que un objetivo a conseguir sea poder comprender una partitura por su lectura antes de tocarla. Son pocos los que estudian a fondo el solfeo y son pocos los que acaban logrando este objetivo, más aún en nuestra vida moderna y, sobre todo, en nuestro festero país, en el que se pierde demasiado el tiempo en cosas banales.
A la lectura de la música, sigue la comprensión de las leyes fundamentales de la harmonía, imprescindibles no sólo para poder componer, sino para comprender, como decía Schopenhauer, el funcionamiento del Universo. ¡Cuánto trabajo se ahorrarían los científicos si supiesen harmonía!...
También recomendaba escuchar las canciones características de cada pueblo, seña de identidad inigualable, junto al estudio de los buenos maestros, que son los que proporcionan una nutrición espiritual tan útil como sencilla.
Encarecidamente pedía que se ignorasen las malas composiciones (Dios mío, si supiera cuanta basura nos rodea hoy, por culpa de la indecencia comercial), que ni se tocasen, ni se oyesen.
Importantes sus consejos relacionados con el respeto a lo antiguo, con el interés por lo nuevo y con el hecho de no tener prejuicios contra los hombres que aún no son renombrados. No debemos olvidar que la fama no es sinónimo de calidad, de ahí su sugerencia a familiarizarnos antes con las partituras que con los virtuosos.
Robert era partidario de respetar las obras tal y como han sido escritas por sus autores. ¿Qué diría si hoy asistiera a esos teatros en los que nos presentan óperas repletas de cortes y de arreglos, con los diálogos tergiversados y los argumentos cambiados?
En bastantes momentos, habla del esfuerzo, a la vez que pide modestia. Invita al esfuerzo sin dejarse seducir por la melodía facilona, diciendo que melodía no quiere decir precisamente un motivo agradable, rítmico y fácil de recordar, pues, con frecuencia, las melodías así son monótonas y cansan pronto, pero también advierte que es preferible interpretar con expresión las obras fáciles que ejecutar medianamente las difíciles.
La modestia tiene para él vital importancia que se deduce cuando leemos que hay que amar el instrumento al que uno se dedica, pero sin considerarlo superior a cualquier otro y, que todo cuanto uno pueda pensar o descubrir ya habrá sido pensado o descubierto por otros.
Un punto que siempre he divinizado es el que se refiere a no dejarse llevar por la vanidad de los aplausos, pues valen más los elogios de un artista verdadero que todos los de una multitud. Que importancia tienen estas palabras hoy para que meditemos sobre la demoníaca invitación a la igualdad, a la mediocridad, que desde los poderes democráticos nos intentan insertar.
Personalmente, considero a la democracia como la principal enemiga de la verdad, del arte, de la espiritualidad, de Sócrates, de Jesús... El populacho pide la crucifixión de quién nos invita a pensar por nosotros mismos, a la vez que pide la liberación de Barrabás... El populacho llena estadios para vitorear a falsos héroes mientras desprecia a quienes llevan una vida de estudio y evolución (no de revolución, que esta última es antinatural y sangrienta); creedme, es fascinante dirigir una orquesta sin público (sin aplausos) o en un lugar sagrado, como una iglesia, donde la música eleva y los presentes se recogen en silencio...
Siguiendo con la modestia, no puedo dejar en el olvido un consejo que en algunas ediciones en español ha sido suprimido y dice así: "Respeta la posición de cada músico, pues si todos quisieran ser primeros violines no se podría organizar una orquesta". Creo que no necesita comentarios...
Aconseja también Robert Schumann el estudio de la Historia de la Música y el conocimiento de las obras maestras de diversos tiempos como medida contra la presunción.
Imprescindible para él el estudio de la Vida, de las demás Artes y de las Ciencias, la lectura de los buenos poetas y el continuo paseo por el campo, por la naturaleza, así como el estudio de las leyes éticas, que son las que rigen el arte.
Para terminar, recordar que al principio de este artículo, pedía a mis alumnos máxima atención a las últimas palabras del mismo. Van a ser escritas sin comentarios, para que sean meditadas y digeridas por cada cual, sin mi punto personal de vista. Son tan profundas, que espero calen en vuestros corazones como siempre han calado en el mío (leí por vez primera los consejos de Schumann a mediados de los años setenta del siglo XX).
Estas son:

"Ten siempre presente que el arte no se ha hecho para ganar dinero".
"Lleva la música en la cabeza y en el corazón".
"Sólo el genio puede comprender el genio".
"No se comprende el espíritu, sino cuando se ha dominado la forma".
Y sobre todo:

JAMÁS SE ACABA DE APRENDER.




domingo, 30 de mayo de 2010

En todas partes hay Manuelas de alquiler, pero no Pepas...

María José Sánchez

Hoy te lo ha vuelto decir Miguel (Don Miguel Zanetti), porque hace unas horas os habéis reencontrado en el más bello teatro de cuantos existen; el teatro en el que no existen ni la envidia, ni los pisotones; el Teatro del Infinito. Y lo que te ha dicho es esa frase inmortal que La Pepa (la aguadora, no la constitución esa que ahora quieren celebrar los politicastros de los demonios) le repite a La Manuela cada vez que se repone la inmortal Agua, Azucarillos y Aguardiente (en su formato original, claro, como a ti y a mi nos gusta, no en esos formatos en forma de mariconada que tantos directores de escena actuales usan para destrozar nuestra zarzuela, al amparo del dinero público robado a los "esclavos felices" a través de los impuestos).
Hoy te lo ha vuelto a decir, sorprendido por tu demasiado pronta llegada a ese otro mundo (la verdad, creo que aún no te tocaba, ahí arriba puede que también se equivoquen...) del que ya sabes más que yo, pero del que intuyo que se tiene que estar mucho mejor que aquí, pues parece que nadie vuelve, al menos en su corporación anterior.
Hoy te ha vuelto a recitar aquello que a ti tanto te gustaba que te recitase:

...y te lo digo para que lo sepas, que en todas partes hay "manuelas" de
alquiler, pero no "pepas"...

Y tenía razón... Las Pepas no os alquiláis; las Pepas, sois auténticas, libres, hermosas y maravillosas.
Se que ahora, después de tanto tiempo sin veros, os estáis contando muchas cosas, recordando muchas anécdotas y, además de a Miguel, estarás riéndote con muchas otras genialidades artísticas que conociste por acá en tu asombrosa carrera por el mundo de los sonidos.
Ya me seguirás contando... Ahora te dejo mientras escucho tu voz, mezclada con la voz de Luis recreando esas maravillas antiguas de nuestro pasado que tan bien sabías hacer...
Seguimos en contacto...