domingo, 16 de diciembre de 2012

Don Germán cumple 130 años


Hacía muchos años que no acudía a un concierto dominical de la Banda Municipal de Música de Jerez, mi banda, en la que tanto aprendí en mi juventud y a la que tanto oficio le debo. Hoy no podía faltar. Se cumplían 130 años del nacimiento de su fundador, Don Germán Álvarez Beigbeder y los actuales músicos que la integran, con Luis Alfonso Román Cárdenas al frente, habían preparado un concierto extraordinario, con un programa enteramente dedicado al Maestro homenajeado.
La mañana en los Claustros de Santo Domingo ha sido muy grata por muchos motivos; por una parte, me ha traído numerosos recuerdos pero, sobre todo, ha sido muy gratificante porque he podido disfrutar de una banda que suena muy, pero que muy bien, a pesar de los tiempos difíciles que está soportando (en realidad, para esta banda siempre los tiempos han sido difíciles, pero siempre ha podido salir a flote incluso en la más adversas circunstancias).
La primera parte ha sido programada en base a la forma que Don Germán (así se le conocía en Jerez) mayormente cultivó: la marcha de procesión. De la importante colección de Oraciones Sinfónicas (así llamo yo a sus marchas, porque eso es lo que son...) que este músico nos dejó, hoy hemos vuelto a rememorar la lúgubre contenedora de mágicos silencios Al pie de la Cruz, que ha encabezado el concierto precisamente en Fa menor, tonalidad femenina del signo de Sagitario, bajo el que nació el maestro un 16 de diciembre de 1882. Desamparo, llevó mis recuerdos a aquel balcón de la calle de la Merced, desde el que su familia vivía la salida procesional de la Hermandad del Prendimiento, a cuya dolorosa está dedicada esta marcha rica en matices y olores. No ha faltado Ntra. Sra. del Mayor Dolor, con sus anacrusas dactílicas, a la vez que anapésticas. Vibraron los claustros, de manera especial, con los encadenamientos fundamentales en Re bemol mayor, llenos de una luz especial embotellada en acordes artesanos, como salidos de una mano artesana, cuando sonó Cristo de la Expiración (un pajarito me contó una vez que el maestro, cuando componía, ayudaba a sus neuronas con media botellita de fino y unas almendritas...). Tras el Cristo, siempre va la Virgen del Valle, a la que no faltan contrapuntos imitativos. Llena de fuerza, cerró la primera parte la impresionante y beethoveniana Amargura, con su saeta como contraste a fortísimos de fuego.
Hacía mucho tiempo que no escuchaba yo una interpretación tan ajustada, tan mimada, tan pasional, de este género de música. Cada plano sonoro en su sitio exacto, sin taparse ni estorbarse y, a la vez, en perfecta colaboración. Los pianísimos de los acompañamientos, percusión incluida, realzaron estas plegarias sonoras a su punto exacto; las melodías, sabrosamente afinadas, penetraron directamente en cada corazón latiente...

Tras un breve descanso, la música sinfónica beigbederiana nos invitó a viajar, en primer lugar al Magreb, a través de Rapsodia Africana, con sus adhan cantados por el almuédano saxofón tenor (Juan Manuel Salguero) y con sus sensuales melodías magistralmente expresadas por las solistas de clarinete (Mª Carmen Amezcua) y de oboe (Susana Soto). Esta obra, es posiblemente la más atrevida, harmónicamente hablando, de nuestro admirado compositor. Seguidamente, un recorrido sonoro por los Campos Jerezanos, con sus ritmos albarizos repletos de hemiolas y harmonías vídicas, nos transportó a la aridez de una tierra aparentemente seca, pero evocadora de siestas y por tanto de sueños (y ensueños). Los Puertos, una serenata andaluza cargada de poesía, a la que se le nota, con sus fortísimos arpegiados, su origen pianístico, puso en suerte al último de la tarde que, bajo el nombre de Navidad, dejó bien claro el conocimiento musicológico que Don Germán tenía de los romances y villancicos de su tierra, ensamblando en esta obra algunos de ellos con claro sabor a pestiños.
En conjunto, una mañana deliciosa, en un lugar delicioso y con unos músicos deliciosos, dirigidos con alma y energía juvenil por un maestro joven, que promete regalarnos millones de instantes de placer: Luis Alfonso Román Cárdenas.

jueves, 22 de diciembre de 2011

El sonido de agitar una mano



Ese extraño batir de palmas no tiene ningún sentido,
y para mí es muy molesto.
[...] Destruye el estado de ánimo que mis colegas y yo hemos tratado
de crear con nuestra música.

Leopold Stokowski



Don Campbell, en su libro EL EFECTO MOZART, escribe los siguientes párrafos, en referencia al acto de aplaudir las interpretaciones exitosas en las actuaciones musicales:

El rito del aplauso es una abominación auditiva, al menos en la sala de conciertos. Los aplausos disipan de inmediato los poderes de la música que han ido intensificándose en el cuerpo y llegan a la cima al final de la interpretación. Cuando una música sublime me lleva a un estado de transcendencia, como lo hacen la Novena Sinfonía de Beethoven, un motete de Palestrina o la Missa Gaia de Paul Winter, prefiero quedarme como estoy y no ser bombardeado por un maremoto de ruido. Con mucha frecuencia mis amigos me ven aplaudir en los conciertos solamente cuando deseo borrar cuanto antes de mi memoria lo que acabo de oír.
En el Lejano Oriente, el batir palmas se usa precisamente de esa manera. A los meditadores se les enseña a batir palmas para disipar las ilusiones y purificar la atmósfera. La escucha más profunda es contraria al aplauso; permite que la fragancia y néctar del sonido acaricie la piel y masajee el alma. Actualmente en algunas comunidades, entre ellas unas cuantas iglesias y salas de concierto, en lugar de aplaudir la gente agita una mano para expresar su aprecio y admiración.
Batir palmas tiene su utilidad: es una buena manera de integrar los hemisferios cerebrales izquierdo y derecho, ya que las manos se encuentran en la línea media del cuerpo, creando harmonía entre la percepción racional y la estética. El chamán batía palmas con el fin de poner límites entre un estado mental y otro. Pero es necesario que encontremos nuevas maneras de demostrar aprecio y admiración por la música que acabamos de disfrutar sin dispersar esos sonidos mágicos. Tal vez el sonido de una mano agitándose es el más verdadero de todos los aplausos.

A mi, cada vez más, me molestan los aplausos. Afortunadamente, he tenido la dicha de poder disfrutar algunas veces con la interpretación de música sacra, en iglesias, durante la ceremonia mágica (bueno, desde el Concilio Vaticano II ya no tan mágica) de la eucaristía. Quién haya podido experimentar la sensación de dirigir una orquesta y/o un coro en esas circunstancias, recibiendo al final de la pieza el premio del silencio, sabrá comprender mis palabras.
¿Mi sueño? Casi irrealizable (no hay nada imposible). Dirigir la Misa en Si menor de Bach, en una catedral de proporciones áureas, con la liturgia de la misa tridentina y, ¡sin público!...

Esta vez no os pongo ninguna audición; os dejo en silencio agitando una sola mano...

Me voy a soñar...

domingo, 16 de octubre de 2011

Música y sanación

La noche anterior a la circuncisión se celebraba una ceremonia cerca de nuestras cabañas, con cantos y bailes. Venían mujeres de las aldeas vecinas y bailábamos al ritmo de sus cantos y batir de palmas. Cuando la música se hacía más rápida y fuerte, el baile era más frenético y por unos momentos nos olvidábamos de lo que nos esperaba.

martes, 20 de septiembre de 2011

Los vapores alquímicos de Parsifal

Mauricio Wiesenthal me ha secuestrado el alma, con su libro Luz de Vísperas, en el que funde varias técnicas, bebe de diferentes géneros y se sirve de estrategias narrativas procedentes de las más diversas disciplinas artísticas como la pintura, la épica, la tragedia, la lírica y, por supuesto, la música.
Os inserto, a modo de cebo, los siguientes párrafos extraídos del capítulo CLXI, con la seguridad de que aquellos que saben saborear buena literatura envejecida en madera de roble negro, saldrán prestos a buscar un ejemplar en la librería de guardia más cercana:
El maestro Loewe habló aquella noche del Parsifal.
-Me gustaría poder ofrecerle ahora, doctor Kailas, el Preludio del Parsifal, como suena en este momento en mis oídos. Mejor que el mejor coñac.
Gustav observó que frau Werner, sentada justo debajo de ellos, en el gineceo, parecía aguzar el oído.
-Primero el tema material con toda su densidad -el músico tarareó el tema y lo fue acompañando con las manos, como si dirigiese una orquesta-. Todo se entona en la mezcla. Luego la llama lenta del alambique va convirtiendo la materia de los instrumentos, la cuerda y el viento, en el espíritu sublime de los violines y cellos, del clarinete y el fagot. Después, ya sólo queda el alma -Loewe levantó sus ojos y sus manos al cielo, en un gesto teatral de entrega-: los instrumentos, una octava más altos. Y se va aclarando la sustancia tonal con flautas y clarinetes hasta que se convierte en perfume, en oración, en una fusión de los sentidos. Escuchen amigos, escuchen bien. No existe ya el instrumento... sino la orquesta.

sábado, 21 de mayo de 2011

Compositores nacidos bajo el signo solar de Géminis

Esta carta natal que preside las palabras que escribo, relata el instante de nacimiento de Richard Wagner, el 22 de mayo de 1813 (mañana cumple 198 años). Hoy, desde las 9:22 (hora de Greenwich), ya respiramos bajo el signo solar de Géminis, que este año nace nada más y nada menos que con la Luna en Capricornio: para entendernos, en términos musicales, Capricornio es a Géminis lo que La Mayor es a Re Mayor, o sea, una relación de Dominante y Tónica... Además de Wagner, los siguientes compositores también nacieron géminis: Mijail Glinka (1-6-1804); Robert Schumann (8-6-1810); Charles Gounod (17-6-1818); Edward Grieg (15-6-1843); Sir Edward Elgar (2.6.1857); Isaác Albéniz (29-5-1860); Richard Strauss (11-6-1864); Igor Stravinsky (17-6-1882) e Iannis Xenakis (29-5-1922) entre otros.
Para celebrar la llegada a nuestras vidas una vez más de los gemelos astrales, mi intuición me aconseja auditar la Overture de Die Meistersinger von Nürnberg (Los maestros cantores de Nuremberg), ópera en tres actos escrita y compuesta por nuestro homenajeado. Esta vez, propongo una versión de Arturo Toscanini de 1950, al frente de la NBC Symphony Orchestra, formación que él mismo fundó en 1937.

domingo, 27 de marzo de 2011

La música como discurso sonoro

Johann Nicolaus Graf de la Fontaine und d'Harnoncourt-Unverzagt, más conocido como Nikolaus Harnoncourt, además de sorprendernos como intérprete y director (uno de los pioneros en la interpretación con instrumentos originales), no deja de deleitarnos a través de su densa y no menos influyente contribución a la filosofía de la música antigua, especialmente del período barroco aunque sin olvidar el clásico, con sus sabrosos ensayos literarios, milimétricamente elaborados durante toda una vida de experiencia y reflexión.
De los libros escritos por este "genio que dirige con los ojos", hoy voy a destacar uno que leí poco después de su publicación en español por Acantilado, en diciembre de 2006: "La música como discurso sonoro".
Su primera edición en alemán (Musik als Klangrede es su título original) se produjo en 1984 y desde entonces, muchos consideran esta colección de ensayos como una especie de "Credo" de una de las voces más autorizadas de la interpretación musical histórica, imprescindible para que tanto intérpretes como oyentes sean capaces de comprender cabalmente el "discurso sonoro" de cada época.
Dividido en tres grandes capítulos, su contenido es el siguiente:

1. ASPECTOS FUNDAMENTALES DE LA MÚSICA Y DE LA INTERPRETACIÓN
La música en nuestra vida
Sobre la interpretación de la música histórica
Comprensión de la música y formación musical
Problemas de notación
La articulación
La medida del tiempo
Sistemas tonales y afinación
De la "afinación mesotónica" a la "afinación temperada"
Música y sonoridad
Instrumentos antiguos: ¿sí o no?
La reconstrucción de las condiciones sonoras originales en el estudio
Las prioridades. Valoración de los diversos aspectos

2. INSTRUMENTARIO Y DISCURSO SONORO
Viola da brazzo y viola da gamba. Un esbozo de la historia de los instrumentos de cuerda
El violín. El instrumento barroco solista
La orquesta barroca
La relación casi-palabra-sonido en la música instrumental pura barroca
Del barroco al clasicismo
Origen y evolución del discurso sonoro

3. MÚSICA BARROCA EUROPEA - MOZART
Música programática - El op. 8 de Vivaldi
El estilo italiano y el estilo francés
Compositores barrocos austríacos. Intentos de conciliación
Telemann. Los gustos reunidos
Música instrumental barroca en Inglaterra
Concerto grosso y trío sonata en Händel
Lo que dice un autógrafo
Movimientos de danza. Las suites de Bach
Música barroca francesa. Excitantemente nueva
La ópera francesa: Lully-Rameau
Reflexiones de un músico de orquesta sobre una carta de W. A. Mozart
Observación final

No puedo terminar este artículo sin invitaros a oír una obra carismática, dirigida por nuestro protagonista de hoy: LA PASIÓN SEGÚN SAN MATEO BWV 244 de J. S. Bach, audición muy apropiada para estos días (escribo en el tercer domingo de cuaresma). El montaje videográfico es curioso, pues va reproduciendo la música sobre el manuscrito. Espero que os guste.

miércoles, 9 de marzo de 2011

El Rey David

David, en hebreo דָּוִד, «el amado» o «el elegido de Dios»; c. 1040 a. C. - 970 a. C.), fue un rey israelita, sucesor del rey Saúl, al que curó la melancolía gracias al poder de la música sobre el alma humana. Su historia se narra en los libros del profeta Samuel y en los Salmos del Antiguo Testamento de la Biblia, una colección de ciento cincuenta poemas religiosos, compuestos por varios autores, atribuidos en su mayoría a nuestro protagonista, por lo que también son conocidos como «Salmos de David». Estos poemas no son sólo oraciones de fe; también constituyen un importante elenco de conjuros de gran fuerza, que ayudan a mejorar la salud, el trabajo, las relaciones y otras muchas gracias.
Músico arquetípico del Antiguo Testamento, David suele aparecer en las obras artísticas tocando y rodeado de instrumentos y músicos, como podemos ver en la imagen que preside este artículo, un manuscrito del siglo XII conservado en la Glasgow University Library, en el que nuestro rey toca el harpa mientras otros músicos tañen las campanas, el salterio, el rebec, las flautas, la fídula y la zanfonía para dos intérpretes.
Es abundante la música existente relacionada con David. Barajando posibilidades, me he quedado con esta canción de Leonard Cohen, Hallelujah, que empieza así:

He oído que existe un acorde secreto
que David solía tocar, y que agradaba
al Señor.
Pero tú realmente no le das mucha
importancia a la música, ¿verdad?
Era algo así como la cuarta, la quinta
cae la menor y sube la mayor.
El rey, confundido, componiendo un aleluya.


lunes, 21 de febrero de 2011

El Maestro Odón Alonso viaja al infinito

Siendo yo adolescente, su magisterio al frente de la Orquesta de RTVE me ayudó a descubrir numerosos compositores, empezándome a fascinar Wagner, gracias a sus sabias explicaciones presentando la obertura de Tannhäuser. Sus intervalos y acordes perfectos, resonando con las esferas, iniciaron en mí una wagnerfilia que ha ido creciendo imparablemente hasta hoy; estoy completamente seguro que fue Odón Alonso quién durante aquellos días me entreabrió aquellas puertas.
Sólo alcancé a verlo en directo una vez en mi vida, al frente de la Orquesta Nacional de España en un teatro cateto del sur, y digo cateto, pues tuve que esperar para poder estrechar su mano en la calle, ya que el citado teatro tiene restringidas las entradas a camerinos (jamás me ha pasado en Madrid, pues tanto en teatros como el Real, La Zarzuela, etc. todo han sido facilidades para mí). El Maestro, cuando lo saludé, comentó con pena la manía de algunos teatros de provincia que no dejan entrar a saludar a camerinos. Ese día disfruté de manera especial con su emotiva versión de la Sinfonía del Nuevo Mundo, rebosante de expresividad.
Hoy se ha marchado de viaje, al infinito, pero yo quiero recordarlo como siempre, como en aquellos programas en blanco y negro de la única televisión que entonces teníamos y que tanto criticábamos, pero que con el tiempo añoramos ante tanta mediocridad actual. Quiero recordarlo en activo, con una cantante también mágica, Victoria de los Ángeles, con la que seguramente hoy se habrá reunido para interpretar a Mozart, que también andará por ahí arriba pegando carcajadas.


jueves, 17 de febrero de 2011

Hoy cumple 107 años Madama Butterfly


Madama Butterfly (Señora Mariposa) es una ópera en tres actos (originalmente en dos) compuesta por Giacomo Puccini, con libreto de Giuseppe Giacosa y Luigi Illica, basado en una obra de teatro de David Belasco, quien a su vez se inspiró en el libro Madame Chrysanthéme de Pierre Loti.

Estrenada en Milán el 17 de febrero de 1904, obtuvo ese día una muy mala recepción por parte del público y de la crítica. El 18 de mayo de ese mismo año, una revisión de la obra representada en Brescia sí conquistó a la audiencia, siendo desde entonces junto a La Boheme y Tosca una de las tres óperas más representadas de Puccini.

Para celebrar su 107 cumpleaños, os dejo el siguiente vídeo del Concierto "Voces para la Paz 2003", celebrado en el Teatro Monumental de Madrid el 11 de Mayo de 2003; fue dirigido por José Ramón Encinar. En el podemos escuchar el emotivo y sentimental Coro "a bocca chiusa" (a boca cerrada), que evoca la serenidad tensa y expectante de la ilusión de la protagonista, Cio Cio San (Butterfly), transformada en resignación. Es una melodía de efecto maravilloso en la que se despliega la finura del sabroso lenguaje musical del compositor de Lucca.


miércoles, 16 de febrero de 2011

Harmonías del Cielo y de la Tierra

Joscelyn Godwin, profesor de música de la Colgate University, nos habla en su libro Harmonías del Cielo y de la Tierra sobre la dimensión espiritual de la música desde la antigüedad hasta la vanguardia. Esta reflexión sobre los efectos de música y su relación con el mito, el ocultismo y el arte, repleta de numerosos ejemplos procedentes de épocas y tradiciones variadísimas (Grecia, la tradición cristiana, la mitología germánica, la ciencia renacentista...), es imprescindible para los que saben que la música no es un simple pasatiempo o adorno, para los que buscan otro modo de percibir la música clásica, indisoluble de la espiritualidad.
Editado en España por Paidós, con traducción de Radamés Molina y César Mora, su sumario con sus sugerentes títulos, hacen la boca agua de cuantos amamos la filosofía de la música. Os lo adelanto para que no podáis resistir la tentación de correr a encargarlo a vuestro librero de cabecera:

Sumario

Prólogo y reconocimientos

Primera parte
Ascendiendo al Parnaso

I. Los maravillosos efectos de la música
II. Escuchando las harmonías secretas

Segunda parte
La gran obra

III. La alquimia musical
IV. La música y el flujo del tiempo

Bibliografía de obras citadas

o O o

Para haceros rabiar, os adelanto los primeros párrafos del primer capítulo:

Anfión y Zeto, hijos gemelos de Zeus y Antíope, fueron criados en secreto, como otros muchos héroes, para eludir las fuerzas malignas que buscaban destruirlos en su infancia. Mientras crecían entre pastores en el monte Citerón, Anfión fue favorecido por Hermes que le regaló una lira. Zeto, el más práctico de los dos, se mofaba de la devoción que su hermano sentía por el instrumento y que le impedía dedicarse a cualquier cosa útil. Pero luego, cuando los gemelos habían conquistado Tebas y se ocupaban de fortificar la ciudad, le tocó reír a Anfión. La música de la lira hacía que las piedras se deslizaran sin esfuerzo hacia su sitio mientras Zeto se afanaba en levantarlas con sus propias fuerzas. Así fue como las murallas de la Tebas de las Siete Puertas fueron erigidas gracias al poder de la música.

El mito de Anfión ha sido siempre uno de los favoritos entre quienes escriben sobre el poder extraordinario de la música. Junto con Orfeo, ablandando el corazón de Plutón con su canto y Arión, llamando a su delfín salvado, Anfión completa la trinidad mitológica de figuras que aparecen como espíritus tutelares en los encabezamientos de muchos tratados antiguos. En tiempos antiguos sus historias se contaban sin necesidad de ser comentadas. Más tarde se hicieron intentos de encontrar explicaciones psicológicas o simbólicas para estos hechos en apariencia increíbles. En la actualidad tan vez ha llegado el momento de verlos bajo una nueva luz: pues las opiniones comúnmente mantenidas sobre la música, por no hablar ya de las piedras, necesitan ser revisadas.
Quien descarta este o aquel mito como locura o ficción no merece ser llamado intérprete. Incluso un materialista ha de esforzarse en encontrar un sentido adecuado a la reverencia que siempre se le ha profesado a los mitos; un núcleo de verdad que justifica su repetición durante miles de años y que no se puede sostener en la mera ficción. Posiblemente la mejor manera en que un racionalista puede encarar el mito de Anfión es considerarlo como una reminiscencia tradicional de ese período ciclópeo que nos ha dejado enormes monumentos de piedra a lo largo de todo el Mediterráneo oriental. Anfión, pues, pudo haber sido algún ingeniero prehistóric en posesión del conocimiento matemático que subyace a toda la música antigua y que es uno de los regalos legendarios que Hermes hizo a la humanidad. Alguien así debía conocer técnicas y cálculos que hacían factible el movimiento de las piedras (mientras que los estratos, contrapesos y ajustes de los planos inclinados habrían seguido siendo un misterio para sus trabajadores y espectadores), merecedoras del nombre de "magia natural", que es como se conocería a la tecnología hasta la época moderna. Y si este arcaico ingeniero también conocía el valioso efecto que los movimientos rítmicos y las canciones de trabajo podían tener sobre un grupo de obreros el cuadro se completa: Anfión no entonaba encantamientos sino cánticos...

martes, 15 de febrero de 2011

Alejandro Villatoro Santiago

Mi maestro Don Joaquín Villatoro tenía un hijo, también músico, al que la vida martirizó con una enfermedad mental. A pesar de su problema, que llevaba con gran sentido del humor de cara al exterior pero yo se que con gran melancolía interna, Alejandro (Alexis para los amigos) dejó una gran cantidad de amigos en Jerez de la Frontera, ciudad en la que vivió cerca de veinte años. Aún lo recuerdo con sus andares característicos y su risa peculiar. Miles de anécdotas inundan mi memoria, miles de momentos en los que me contaba su "último pensamiento filosófico", que acababa con la risotada de rigor.
A principios de los 80, jubilado su padre, marchó con él a vivir a Madrid y quiso la casualidad (¿existe la casualidad?) que, unos meses antes de su fallecimiento, concretamente en agosto de 1988, me lo encontrase en una tienda de música del centro de la capital y pasásemos una tarde inolvidable, contándonos miles de cosas. Un mes después, mi amigo Julio Lozano, en viaje a Madrid, también se lo encuentra (¿de casualidad?) y pasa otra tarde inolvidable con él. Meses después, en febrero de 1989, ambos nos enteramos que una meningitis se lleva por delante a Alexis (muchos también llegaron a conocerlo por el sobrenombre de Sasha) y ambos, en conversación, coincidimos en que los encuentros (¿casuales?) con nuestro amigo fueron en realidad una despedida que él, ser excesivamente elevado, estaba preparando antes de marchar al infinito.
Hace poco busqué una elegía que escribí unos días después de enterarme de la ida de tan gran amigo en aquel febrero de 1989 y hoy reproduzco aquí, por primera vez:

Llanto por la muerte de Alexis Villatoro

Prosas poéticas elegíacas

Febrero de 1989

Cuando un músico muere, un trozo de felicidad se despega de nuestro lado para elevarse al infinito de lo puramente perfecto, de lo celestial; un trozo de felicidad nos abandona para integrarse en lo místico de lo divino; un trozo de felicidad se desprende de la ignorancia terrenal para desintegrarse en lo verdadero, para acompasarse en esa gran maravilla rítmica que es El Universo.

Cuando un músico muere, un océano de melancolía baña nuestro sentimiento con aguas de soledad; un océano de melancolía rompe sus espumas en la playa del desconsuelo; un océano de melancolía inunda la costa de nuestra inspiración más íntima, asolándola, desgarrándola de nuestras entrañas huérfanas.

Cuando un músico muere, una esperanza frustrada agoniza en nuestro deseo inútil de placer artísticointelectual, casi imposible en tan yermo país; una esperanza frustrada se rebela en nuestro interior patetizando nuestra existencia; una esperanza frustrada se confraterniza con la incomprensión de la plebe que, despreciando ingratamente al intelecto de que ha sido dotada, prefiere la irracionalidad de los demás miembros de la zoología, por canalla pereza mental.

Cuando un músico muere, un discurso taciturno penetra en los sordos oídos de los regidores de nuestros destinos telúricos, para enrevesarse en las telas de araña que suplen las carencias de inquietudes en sus carcomidas almas; un discurso taciturno vaga marginado por todos los rincones de un poblado (de casi cuarenta millones de habitantes) que dormita desde que, hace quinientos años, un somnífero imperial inutilizara (sobre todo en el sur) la riquísima savia erudita que por él circulaba; un discurso taciturno, rauco de pregonar inútilmente, se desvanece en el caos.

Cuando un músico muere y además de músico ha sido siista [1], el optimismo queda viudo de su bella Afirmación y la vida naufraga en la zozobra y en la catástrofe; cuando un músico muere y además de músico ha sido un amigo, el espíritu se agita desesperado en su celda corpórea y demandante de tentaciones; cuando un músico muere y además de músico ha sido Alexis Villatoro, muere también el siismo, tiembla el pacifismo y la bondad se congestiona; la cordura se separa de la extravagancia; la luz y la tiniebla se interrogan sobre su propia veracidad y, la razón, desde su trono ficticio, se cabaliza sobre su propio existencialismo.

[1] El siismo es un movimiento filosófico creado por Alexis Villatoro, que consiste en eliminar todo lo negativo de la vida, para convivir con lo positivo. (N. del A.)

lunes, 14 de febrero de 2011

Richard Wagner y el número 13


El compositor Richard Wagner nació en 1813. Su nombre y su apellido tienen 13 letras. Escribió 13 óperas completas, si tenemos en cuenta que no llegó a acabar la que pudo haber sido la primera, Die Hochzeit (La boda), cuya composición fue abandonada cuando su hermana Rosalie Wagner, cuyo nombre y apellido suman 13 letras igualmente, le expresó su desagrado con la historia y Wagner acabó destruyendo el libreto. Los números de su año de nacimiento, 1+8+1+3, suman 13. Encontró su vocación musical un 13 de octubre. Sufrió 13 años de destierro. Terminó Tannhauser un 13 de abril y dejó de ser tocada el 13 de marzo de 1845, tras su fracaso en París, siendo repuesta posteriormente el 13 de mayo de 1895. El teatro de Riga (allí se presentó como director de orquesta) se inauguró un 13 de septiembre. La casa donde se llevaban a cabo sus festivales en Bayreuth fue abierta un 13 de agosto y el último día que pasó en ella fue un 13 de septiembre. Wagner murió el 13 de febrero de 1883, decimotercer año de la unificación de Alemania.
Para equilibrar este artículo, he decidido buscar una imagen de Wagner y me he decidido, entre todas las que el buscador de internet me ha localizado, por la número 13. Remato el asunto insertando el fragmento número 13 de la ópera nº 13, Parsifal, de una producción de su nieto Wolfgang Wagner en Bayreuth (menos mal que su nombre no suma 13...). Quise haber insertado este artículo ayer, día 13, pero ya iba a ser demasiado 13 el asunto.
Por cierto, ¿será casualidad que la familia Wagner, famosa por su cabezonería en todos sus aspectos, siempre esté en sus trece?

martes, 8 de febrero de 2011

24 años sin Joaquín Villatoro

Joaquín Villatoro dibujado por Cristóbal Toledo

Hoy se cumplen 24 años del fallecimiento de mi primer Maestro.

Precisamente comencé este blog escribiendo un artículo sobre él hace dos años, el 28 de enero de 2009, artículo que podéis consultar. A finales de este año se cumplirá el centenario de su nacimiento; os prometo que de vez en cuando iré dejando algún que otro recuerdo de quién tanto me enseñó. Hoy, os adelanto una pequeña biografía publicada por el Ateneo de Córdoba:

El músico Joaquín Villatoro Medina nace en Castro del Río el 31 de diciembre de 1911 y fallece en Madrid el 8 de febrero de 1987. A los trece años inicia sus estudios musicales en Castro del Río con el director de la banda municipal Emilio Díaz y con el gran melómano Francisco Luque Algaba.

El Ayuntamiento, a través del alcalde Juan Fuentes, le facilita el ingreso en el Conservatorio de Córdoba, donde realiza brillantemente todos los cursos. La Diputación Provincial cordobesa lo beca para continuar su formación en el Conservatorio de Madrid, consiguiendo el premio extraordinario de harmonía. En la capital de España recibe las enseñanzas de Pedro Fontanilla, Conrado del Campo, Oscar Esplá y Eduardo Torner. En 1931 se traslada a París, asimismo becado por la Diputación, y amplía los estudios de composición y piano con Paul Dukas y Alfred Cortot.

Por circunstancias políticas la carrera profesional del maestro Villatoro sufre obstáculos, y en 1956 consigue ingresar mediante oposición en el Cuerpo de Directores de Bandas Civiles. El ilustre músico castreño desarrolla su actividad en Pozoblanco y Manzanares, trasladándose en 1962 a Jerez de la Frontera. En esta ciudad, a lo largo de dieciocho años, realiza una gran labor hasta su jubilación en 1980.

Su tarea creativa se plasma en numerosas composiciones, entre las que cabe destacar algunos títulos como Jerez: canto al vino y al trabajo y Canto a Córdoba. En la ciudad jerezana Joaquín Villatoro tiene una influencia decisiva en la puesta en marcha del Conservatorio de Música y al frente de la orquesta, banda y orfeón da miles de conciertos. A finales de 1992 sus restos fueron trasladados el cementerio de su pueblo natal.

domingo, 6 de febrero de 2011

An die Freude (A la Voluptuosidad)

Mario Roso de Luna, el Sabio de Logrosán, llegó a mis estanterías en los años finales de mi séptimo ciclo evolutivo. Mi amigo Manolo Ramos, entonces mi "librero de cabecera", puso en mis manos un libro suyo, agotado, que poco después pude conseguir buceando entre librerías anticuarias: Wagner, mitólogo y ocultista. Uno de sus geniales capítulos está dedicado al "Filósofo de las harmónicas sonoridades, fervoroso cultivador de las tradiciones arcaicas, espíritu totalmente posesionado del idealismo platónico", que diría J. F. Carbonell (Natura, revista de Montevideo, Mayo de 1912), al Gran Sacerdote que dejó preparado el camino iniciático que hizo posible que el coloso de Bayreuth nos dejara entreabierto el Velo de Isis. El citado capítulo lleva como título Beethoven Teósofo.
Como estudioso de la Novena Sinfonía, llevo años recopilando todo tipo de datos sobre ella y tratando de descubrir sus muchos secretos ocultos. Al leer a Roso de Luna, me entusiasmó, entre otras muchas revelaciones, la traducción que proponía del poema de Schiller, An Die Freude, musicado por el Rey del Silencio de Bonn: A la Voluptuosidad...
Pero dejemos que sea Don Mario quien nos lo desvele más tarde. Antes, os recomiendo oír atentamente el podcast de Radio Clásica, de Radio Nacional de España que aquí inserto y que, dentro del programa Música y Significado, dirigido por el harmonista Luis Ángel de Benito, pudo ser oído el pasado 2 de enero de 2011. Una vez oído, comparad la traducción tradicional que escucharéis por encima de la música, con la que propone el erudito logrosano, insertada como colofón de este artículo.


Extracto del capítulo Beethoven Teósofo de la obra

Wagner, mitólogo y ocultista de Mario Roso de Luna

...Y llegamos así, de sublimidad en sublimidad, a la incomparable Novena Sinfonía, cuyo juicio resumió Wagner con estas solas palabras: «Somos tan ingenuos que continuamos escribiendo Sinfonías, sin darnos cuenta de que la última hace tiempo que fue escrita». Sin el precedente, en efecto, de día, de la Misa en Re y de los últimos cuartetos; las más colosales obras de Wagner, tales como el Parsifal y la Tetralogía, acaso no habrían llegado a ser lo que por ellos fueron. De la composición de aquella, al decir de los biógrafos, salió Beethoven como transfigurado y rejuvenecido: ¡había bebido en la copa de los dioses el sagrado licor del Soma, que da la inmortalidad y derecho a un puesto en el «Banquete» de los héroes de la Walhalla!.....

Es de interés para el propósito fundamental de este libro el que se nos permita detenernos un momento acerca de la génesis literario-musical de la última Sinfonía beethoveniana.

Ya dijimos en el capítulo anterior al hablar de Weber y de la literatura romántica (El Autor se refiere a otro capítulo de su obra El Drama lírico de Wagner y los Misterios de la Antigüedad. N. del E.) que Federico Schiller, el Goethe de los humildes, de los atormentados, el precursor de Heine, había ejercido siempre con sus misteriosas poesías dulces, gran influencia en la mente de Beethoven. «Quien, después de haber oído una de las sinfonías de éste, lee las cartas de Schiller sobre la educación estética, dice Lickefett, reconocerá que el idealismo alemán jamás tomó tan alto y temerario vuelo como en aquellas obras». (Lickefett “El Teatro de Schiller”, tesis doctoral).

El músico supo enlazar con el poeta, su destino y del consorcio de dos artes tan supremas ha surgido El Himno de la Humanidad, que es como siempre debería llamarse la letra y la música de la Novena Sinfonía. Pero hay mucho que anotar respecto de ella que aún no se ha dicho, preocupados los escritores y el público sólo por la sublimidad de la partitura.

«En 1784, añade Lickefett, entabló Schiller estrecha amistad con cuatro admiradores suyos: Koerner, padre del que luego fue célebre bardo de la guerra de la independencia; Huber y sus dos compañeras las hermanas Stock, residentes en Leipzig, y aceptando su hospitalidad generosa, abandonó el poeta para siempre a Manhein, pueblo donde le amargaron la vida multitud de contrariedades y apremios pecuniarios, como luego a Wagner. A los pocos días se hallaba ya Schiller en el mejor de los mundos, al lado de sus nuevos amigos, en medio de la más santa y franca de las intimidades que pueden hacer que el hombre bendiga a la Humanidad de que forma ínfima parte, en lugar de maldecirla. La generosidad y amor de aquellos hombres, en efecto, alejaron del poeta los bajos cuidados todos de la existencia, dejándole vivir en el puro cielo de su excelso espíritu durante aquellos los más tranquilos años de su vida, cual no los había experimentado el infeliz ni aún en su propia infancia. Este calor fraternal, esta amistad santa, esta disposición de ánimo hacia cuanto hay de verdaderamente humano y no animal en el hombre, inspiraron, pues, al noble Schiller las estrofas inmortales de su himno «A la alegría» (An die Freude), himno cuyo verdadero título es «A la Voluptuosidad» en el más purísimo, trascendente y originario sentido de la palabra: no en el degradado que tiempos posteriores la diesen.

No es indiferente este serio asunto: Voluptuosidad en lengua latina es más que alegría ordinaria, pues que es alegría trascendente y pura, voluptuosidad en lengua romance es algo bajo, casi obsceno... La primera es alimento de los dioses y de los grandes místicos, pues que equivale a éxtasis, amor trascendente, deliquio divino; la segunda es indigna hasta de los hombres..... pues conviene no olvidar nunca, tratándose de asuntos elevados, que en todas cuantas palabras de las lenguas neolatinas se hace referencia a los incomprendidos conceptos filosóficos de la antigüedad sabia, ha sido vuelto sencillamente del revés su primitivo significado, para hacer verdadero aquel profundo aserto hermético de Blavatsky de que «los dioses de nuestros padres son nuestros demonios». Es decir que respecto a tales palabras, si bien se ha conservado el cuerpo, o sea la forma, háse perdido del modo más lastimoso el espíritu. Por eso todas las palabras neolatinas de dicha índole filosófica, como hijas que son de una lengua sabia perdida, cuyo espíritu se perdió también, son meros cadáveres y como tales cadáveres han de ser consideradas y reconstituidas en su significado original por el verdadero filósofo. Tal sucede con la palabra «voluptuosidad», «voluptuoso», y sus afines. (Consular Nota al pie)

Con aquella primitiva significación trascendente tomada, la sublime oda de Schiller «An die Freude», «A la Voluptuosidad de dioses» el supuesto canto anodino de «a la alegría», adquiere desconocido vigor y un relieve excelso, cual sucede siempre cuando a los buenos aceros damasquinos se los limpia de la herrumbre de los siglos, porque aquella composición del mejor de los líricos alemanes parece un himno arrancado a los Vedas o a los Eddas sagrados, no siendo ya de extrañar, por tanto, el que Beethoven la tomase por tema de inspiración musical para la más ciclópea de sus obras, donde por vez primera en la historia del arte se hace elemento sinfónico a la voz humana, como prólogo verdad del moderno drama lírico wagneriano. Séanos, pues, permitido el glosar la divina oda, oda del éxtasis más legítimo, el éxtasis único del Amor a la Humanidad, así, con mayúsculas.

- «Oh voluptuosidad, la más bella refulgencia divina, hija del Elíseo. Ebrios de emoción osamos penetrar en tu santuario cantando: - Tu mágico efluvio anuda los santos lazos que el trato social, despiadado y cruel, osara romper un día... ¡Todos los hombres son hermanos; todos son UNO bajo tu égida protectora!».

Y el coro contesta:

- ¡Miríadas de miríadas de seres que pobláis el mundo y pobláis sin duda los Cielos sin limites: facetas innúmeras de un solo, único e inconmensurable Logos, yo os estrecho contra mi corazón!... ¡Un inmenso abrazo para el Universo entero!: ¡Hermanos, hermanos míos, alegraos, todo se une y todo conspira al Santo Misterio, y aquí en nuestro ser y allá y doquiera tras la bóveda estrellada un Padre-Madre amante nos cobija a todos!.. ¡Qué todo cuanto pulula en el ámbito de la Tierra y del Espacio rinda su homenaje a la simpatía del gran misterio teleológico!... ¡Ella, en progreso sin fin, nos eleva hacia los astros PER ADSPERA AD ASTRA, donde existen sin duda mundos más excelsos!». . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

Como Krishna, como Buddha, como Jesús, como la misma Revolución francesa, Schiller y Beethoven, unidos por el divino lazo de un arte sin fronteras, no han enarbolado otra bandera que la del dogma humano único: ¡LA FRATERNIDAD UNIVERSAL!.

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NOTA AL PIE

Cualquier diccionario de las lenguas neolatinas, viene a decir así: «Voluptuoso, voluptuosa, adjetivo equivalente a muelle, blando, afeminado, sensual, libidinoso, lascivo, etc. Dícese de la persona dada a los deleites carnales, y se extiende a todo aquello que inclina y provoca a ellos, o los fomenta. Lo lúbrico, obsceno, impuro, torpe». «Voluptuosidad, sustantivo femenino. Cualidad, condición o naturaleza de lo voluptuoso. Molicie, afeminación, corrupción de costumbres, libidinosidad, sensualidad. En mitología es una divinidad alegórica que se representa bajo la figura de una mujer joven, hermosa y desnuda, coronada de flores y teniendo en la mano una copa de oro en la que bebe una serpiente. Otros la pintan tendida en un lecho de flores, ardiente el rostro, lascivo el mirar y asiendo un globo de cristal con alas o un caduceo». . .

En una palabra, el prototipo del mal, la bajeza y el vicio. . . Tal es la medalla neo-latina.

Veamos ahora el reverso en los clásicos, es decir su nobilísimo significado prístino.

«Voluptas, voluptatis, femenino. Volutta, placere, wollust, wolgefalen, volupté, plaisir, deleite, . . . . . . . . . . . . laetitia, praeter modum elata ex opinione presentís alícujus boni; omne id quo gaudemus. Dicitur tan de animo quam de corpore; tum de bona voluptate, tum de mala. Omne id, quo gaudemus, voluptas est ut omne quo offendimur dolor (Cicerón 2. Fin c. 37), Voluptatis verbo omnes qui Latine sciunt, duas res subjiciunt, laetitiam in animo, commotionem suaven jocunditatis in corpore (ib. 1. 2, c. 4). Divinus Plato escam malorum voluptatem appelat, quod ea vide licet homines capiantur, ut hamo pisces (ib. I. de Sen. c. 13)», etc. (Calepinus, septen linguarum).

El contraste, como se ve, es absoluto. Voluptas, en su etimología sabia, significa exactamente lo contrario que en lenguas neo latinas, viciadas en su origen gracias a un sentimiento religioso respetable sin duda, cuando es sincero, pero incapaz por su propia esencia de abarcar todo el fondo de la sublime profundidad pagana antes de los días de su degradación. Por eso en su acepción prístina, se la personifica como una diosa casta y pura, nacida del ósculo, divino del alma humana con su Ego-Superior, chispa de la gran Llama de la Divinidad o Logos. En tal sentido, único verdadero, equivale a emoción trascendente más que a alegría sencilla; a elevación superhumana del alma; deleite divino, epopteia, éxtasis, amor suprasensible y místico, «compenetración íntima con la Divinidad que late en nosotros», que diría Schopenhauer; la toma de puesto, que Platón diría, en el magno banquete de los dioses; el estado de transfiguración de Jesús en el Tabor, estado que tantas veces presintiera Santa Teresa y del que el gran Plotino disfrutara sólo seis veces en su vida.

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sábado, 5 de febrero de 2011

Credo artístico de Richard Wagner


Richard Wagner, además de su monumental obra musical, nos dejó diversos escritos entre los que destaca su famoso Credo artístico de su autobiografía Un músico alemán en París. Dice así:
Creo en Dios Padre, en Mozart y en Beethoven, así como en sus discípulos y en sus apóstoles.

Creo en el Espíritu Santo y en la verdad del Arte uno e indivisible.

Creo que este Arte procede de Dios y vive en el corazón de todos los hombres iluminados por el Cielo.

Creo que quien ha paladeado una sola vez sus sublimes dulzuras se convierte a él y jamás será un renegado.

Creo que todos pueden alcanzar la felicidad por medio de él.

Creo que, en el juicio final, serán afrentosamente condenados todos los que, en esta tierra, se hayan atrevido a comerciar con este Arte sublime, al cual deshonran por maldad de corazón y grosera sensualidad.

Creo, por el contrario, que sus fieles discípulos serán glorificados en una esencia celeste, radiante, con el brillo de todos los soles, en medio de los perfumes y los acordes más perfectos, y que estarán reunidos, por toda la eternidad, en la divina fuente de toda harmonía.

¡Ojalá me sea otorgada tal gracia!

Amén.


lunes, 31 de enero de 2011

Memorias de John Barry


Memorias de África es una película de los años 80, cuya banda sonora no deja de sonar. Su título en español, inspira el título de este artículo en el que voy a despedir a un músico británico, que no ha querido ser menos en este final de enero repleto de necrologías: John Barry.

Nacido en York, el 3 de noviembre de 1933, este escorpiano bebe de las harmonías del Jazz para crear sus primeras composiciones. Trabajando con su propio grupo, The John Barry Seven, conoce al compositor Adam Faith con el que empieza a componer canciones y piezas para varias películas. Sus primeros éxitos captan la atención de los productores del filme Dr. No y Barry acaba componiendo la banda sonora que sería germen del famoso tema de James Bond, resultado de diversos arreglos del tema principal de la citada película.

En el mundo de la creación musical, Barry es muy conocido por poseer un estilo en el que usa de manera muy extensiva los instrumentos de Viento Metal y por tratar a las Cuerdas exóticamente, además de por sus innovaciones al ser uno de los primeros en usar sintetizadores en una partitura fílmica: On Her Majesty's Secret Service.

A pesar de haber compuesto también música para la TV y ser autor de muchas otras composiciones, musicales incluidos, siempre será recordado por sus bandas sonoras, habiendo sido siete veces candidato a los Óscars, ganando cinco de ellos: Nacida libre (1966), mejor Banda Sonora y mejor Canción; El león en invierno (1968); Memorias de África (1985) y Bailando con lobos (1990).

Ayer, 30 de enero de 2011, John Barry murió de un ataque al corazón.

Os dejo con un vídeo homenaje a la Banda Sonora de Memorias de África.