lunes, 30 de marzo de 2009

Encuentro poético-musical

Mi amigo Jaime García (nos conocimos hace unos años gracias al mundo del Yoga), celebra el primer aniversario de su librería


LOS LIBROS DE LA FRONTERA
C/ Fernando Viola 3 (Edificio Sevilla)
11405 Jerez de la Frontera
Teléfono/Fax: 956 185 521


con un Encuentro Poético-Musical que tendrá lugar el próximo sábado 4 de Abril a las 19:30 H. El acto será presentado por MANUEL RAMOS NIETO, y contará con los siguientes participantes:

POESÍA:
Ana Espinosa
Carmen Valladolid
Sara Gutiérrez
Julio Asencio

MÚSICA:
Alicia Parra (piano)
Jara Granado (violín y piano)


siendo estas dos últimas alumnas de Grado Medio de Música de
MUSICRY, Centro de Estudios Musicales


El cartel anunciador, reproducido al principio de este artículo, ha sido diseñado por el artista
José Luís Navarro
Felices Libros para quienes puedan acudir.

domingo, 29 de marzo de 2009

Carta del Jefe Seattle al presidente de los Estados Unidos

El presidente de los Estados Unidos, Franklin Pierce, envía en 1854 una oferta al jefe Seattle, de la tribu Suwamish, para comprarle los territorios del noroeste de los Estados Unidos que hoy forman el Estado de Washington. A cambio, promete crear una "reserva" para el pueblo indígena. El jefe Seattle responde en 1855 con el siguiente texto, que reproduzco íntegramente; yo lo he leído despacio, en voz semialta y, de fondo, el Largo de la Sinfonía nº 9 en mi menor ''del Nuevo Mundo'' op. 95 de Antonín DVOŘÁK, dirigida por Sergiu Celibidache. En el siguiente reproductor, que he conseguido poner por fin después de múltiples intentos, esta vez gracias a la gentileza de la poeta y pintora Sandra Rubio, artista ya experimentada en este mundo de los blogs, podréis escuchar la misma versión que líneas atrás os sugiero:




El Gran Jefe Blanco de Washington ha ordenado hacernos saber que nos quiere comprar las tierras. El Gran Jefe Blanco nos ha enviado también palabras de amistad y de buena voluntad. Mucho apreciamos esta gentileza, porque sabemos que poca falta le hace nuestra amistad. Vamos a considerar su oferta pues sabemos que, de no hacerlo, el hombre blanco podrá venir con sus armas de fuego a tomar nuestras tierras. El Gran Jefe Blanco de Washington podrá confiar en la palabra del jefe Seattle con la misma certeza que espera el retorno de las estaciones. Como las estrellas inmutables son mis palabras.

¿Cómo se puede comprar o vender el cielo o el calor de la tierra? Esa es para nosotros una idea extraña.

Si nadie puede poseer la frescura del viento ni el fulgor del agua, ¿cómo es posible que usted se proponga comprarlos?

Cada pedazo de esta tierra es sagrado para mi pueblo. Cada rama brillante de un pino, cada puñado de arena de las playas, la penumbra de la densa selva, cada rayo de luz y el zumbar de los insectos son sagrados en la memoria y vida de mi pueblo. La savia que recorre el cuerpo de los árboles lleva consigo la historia del piel roja.

Los muertos del hombre blanco olvidan su tierra de origen cuando van a caminar entre las estrellas. Nuestros muertos jamás se olvidan de esta bella tierra, pues ella es la madre del hombre piel roja. Somos parte de la tierra y ella es parte de nosotros. Las flores perfumadas son nuestras hermanas; el ciervo, el caballo, el gran águila, son nuestros hermanos. Los picos rocosos, los surcos húmedos de las campiñas, el calor del cuerpo del potro y el hombre, todos pertenecen a la misma familia.

Por esto, cuando el Gran Jefe Blanco en Washington manda decir que desea comprar nuestra tierra, pide mucho de nosotros. El Gran Jefe Blanco dice que nos reservará un lugar donde podamos vivir satisfechos. Él será nuestro padre y nosotros seremos sus hijos. Por lo tanto, nosotros vamos a considerar su oferta de comprar nuestra tierra. Pero eso no será fácil. Esta tierra es sagrada para nosotros. Esta agua brillante que se escurre por los riachuelos y corre por los ríos no es apenas agua, sino la sangre de nuestros antepasados. Si les vendemos la tierra, ustedes deberán recordar que ella es sagrada, y deberán enseñar a sus niños que ella es sagrada y que cada reflejo sobre las aguas limpias de los lagos hablan de acontecimientos y recuerdos de la vida de mi pueblo. El murmullo de los ríos es la voz de mis antepasados.

Los ríos son nuestros hermanos, sacian nuestra sed. Los ríos cargan nuestras canoas y alimentan a nuestros niños. Si les vendemos nuestras tierras, ustedes deben recordar y enseñar a sus hijos que los ríos son nuestros hermanos, y los suyos también. Por lo tanto, ustedes deberán dar a los ríos la bondad que le dedicarían a cualquier hermano.

Sabemos que el hombre blanco no comprende nuestras costumbres. Para él una porción de tierra tiene el mismo significado que cualquier otra, pues es un forastero que llega en la noche y extrae de la tierra aquello que necesita. La tierra no es su hermana sino su enemiga, y cuando ya la conquistó, prosigue su camino. Deja atrás las tumbas de sus antepasados y no se preocupa. Roba de la tierra aquello que sería de sus hijos y no le importa.

La sepultura de su padre y los derechos de sus hijos son olvidados. Trata a su madre, a la tierra, a su hermano y al cielo como cosas que puedan ser compradas, saqueadas, vendidas como carneros o adornos coloridos. Su apetito devorará la tierra, dejando atrás solamente un desierto.

Yo no entiendo, nuestras costumbres son diferentes de las suyas. Tal vez sea porque soy un salvaje y no comprendo.

No hay un lugar quieto en las ciudades del hombre blanco. Ningún lugar donde se pueda oír el florecer de las hojas en la primavera o el batir las alas de un insecto. Mas tal vez sea porque soy un hombre salvaje y no comprendo. El ruido parece solamente insultar los oídos.

¿Qué resta de la vida si un hombre no puede oír el llorar solitario de un ave o el croar nocturno de las ranas alrededor de un lago?. Yo soy un hombre piel roja y no comprendo. El indio prefiere el suave murmullo del viento encrespando la superficie del lago, y el propio viento, limpio por una lluvia diurna o perfumado por los pinos.

El aire es de mucho valor para el hombre piel roja, pues todas las cosas comparten el mismo aire -el animal, el árbol, el hombre- todos comparten el mismo soplo. Parece que el hombre blanco no siente el aire que respira. Como una persona agonizante, es insensible al mal olor. Pero si vendemos nuestra tierra al hombre blanco, él debe recordar que el aire es valioso para nosotros, que el aire comparte su espíritu con la vida que mantiene. El viento que dio a nuestros abuelos su primer respiro, también recibió su último suspiro. Si les vendemos nuestra tierra, ustedes deben mantenerla intacta y sagrada, como un lugar donde hasta el mismo hombre blanco pueda saborear el viento azucarado por las flores de los prados.

Por lo tanto, vamos a meditar sobre la oferta de comprar nuestra tierra. Si decidimos aceptar, impondré una condición: el hombre blanco debe tratar a los animales de esta tierra como a sus hermanos.

Soy un hombre salvaje y no comprendo ninguna otra forma de actuar. Vi un millar de búfalos pudriéndose en la planicie, abandonados por el hombre blanco que los abatió desde un tren al pasar. Yo soy un hombre salvaje y no comprendo cómo es que el caballo humeante de hierro puede ser más importante que el búfalo, que nosotros sacrificamos solamente para sobrevivir.

¿Qué es el hombre sin los animales? Si todos los animales se fuesen, el hombre moriría de una gran soledad de espíritu, pues lo que ocurra con los animales en breve ocurrirá a los hombres. Hay una unión en todo.

Ustedes deben enseñar a sus niños que el suelo bajo sus pies es la ceniza de sus abuelos. Para que respeten la tierra, digan a sus hijos que ella fue enriquecida con las vidas de nuestro pueblo. Enseñen a sus niños lo que enseñamos a los nuestros, que la tierra es nuestra madre. Todo lo que le ocurra a la tierra, le ocurrirá a los hijos de la tierra. Si los hombres escupen en el suelo, están escupiendo en sí mismos.

Esto es lo que sabemos: la tierra no pertenece al hombre; es el hombre el que pertenece a la tierra. Esto es lo que sabemos: todas la cosas están relacionadas como la sangre que une una familia. Hay una unión en todo.

Lo que ocurra con la tierra recaerá sobre los hijos de la tierra. El hombre no tejió el tejido de la vida; él es simplemente uno de sus hilos. Todo lo que hiciere al tejido, lo hará a sí mismo.

Incluso el hombre blanco, cuyo Dios camina y habla como él, de amigo a amigo, no puede estar exento del destino común. Es posible que seamos hermanos, a pesar de todo. Veremos. De una cosa estamos seguros que el hombre blanco llegará a descubrir algún día: nuestro Dios es el mismo Dios.

Ustedes podrán pensar que lo poseen, como desean poseer nuestra tierra; pero no es posible, Él es el Dios del hombre, y su compasión es igual para el hombre piel roja como para el hombre piel blanca.

La tierra es preciosa, y despreciarla es despreciar a su creador. Los blancos también pasarán; tal vez más rápido que todas las otras tribus. Contaminen sus camas y una noche serán sofocados por sus propios desechos.

Cuando nos despojen de esta tierra, ustedes brillarán intensamente iluminados por la fuerza del Dios que los trajo a estas tierras y por alguna razón especial les dio el dominio sobre la tierra y sobre el hombre piel roja.

Este destino es un misterio para nosotros, pues no comprendemos el que los búfalos sean exterminados, los caballos bravíos sean todos domados, los rincones secretos del bosque denso sean impregnados del olor de muchos hombres y la visión de las montañas obstruida por hilos de hablar.

¿Qué ha sucedido con el bosque espeso? Desapareció.

¿Qué ha sucedido con el águila? Desapareció.

La vida ha terminado. Ahora empieza la supervivencia.

lunes, 23 de marzo de 2009

Beethoven ante el televisor


Hace cierto tiempo, adquirí un libro de José Hierro conteniendo una colección de poemas dedicados a la música. Entre ellos, quedé prendado del que hoy reproduzco aquí; no me canso de recitarlo en voz alta y no me canso de "oír" en mi interior la música a la que se refiere cada vez que lo leo. El poema lleva el título BEETHOVEN ANTE EL TELEVISOR y suena así:


El alemán de Bonn identificaba
todos los sones de la naturaleza:
el del mar, el del río, el del viento y la lluvia,
el canto del ruiseñor, el de la oropéndola, el del cuco.
Un día, cantó un ave, y él no oía su canto:
fue la primera señal de alarma.
Luego avanzó implacable la sordera
hasta desembocar en la noche de los sonidos.
Compuso, desde entonces, imaginándolos.
Nunca pudo escuchar su misa en Re,
sus últimos cuartetos, su última sinfonía.

Luis van Beethoven murió en mil ochocientos veintisiete
(es lo que piensan los desinformados),
pero yo lo he visto en el Lincoln Center.
Fue en los años noventa. Ocupábamos
asientos contiguos. Yo lo reconocí
por su expresión huraña y tierna y feroz.
Y también por el desaliño de que nos hablan sus biógrafos.
Escribí en mi programa estas palabras:
«Excelente concierto». Y él asintió:
«No se moleste en escribir, oigo perfectamente».

Después, en el descanso, hablamos de su música,
(sin duda se dio cuenta
de que acababa de reconocerlo).
Avisaron que había que volver
a la sala para escuchar el plato fuerte:
la Novena. Pero él, van Beethoven,
dio media vuelta y se marchaba.
«Pero, ¿precisamente ahora?» le pregunté.
«Yo regreso al hotel. Voy a escuchar
la Novena Sinfonía en el televisor,
la transmiten en directo», contestó.
«¿Me permite que le acompañe?», dije.
Y se encogió de hombros.

Pues aquí acaba todo.
Nos sentamos ante el televisor.
Escuchamos el golpe de la batuta
sobre el atril. Silencio. Y la orquesta rugió.
Entonces, Ludwig van Beethoven
se levantó y apagó el sonido.
Ahora si que el silencio era absoluto.

Canturreaba a veces, levantaba la mano
para indicar la entrada a los timbales
en el scherzo. Lloró con el adagio,
enardeció cuando cantaba el coro
las palabras de Schiller.
Yo nunca podré oír, nadie podrá
lo que él oía. Finalizó el concierto.
Fue entonces cuando se levantó,
y se acercó al televisor,
recuperó el sonido.
las cámaras enfocaban ahora
al público enardecido.
Van Beethoven oía, en mil novecientos noventa,
los aplausos que no podía oír en Viena,
en mil ochocientos veinticuatro.

José Hierro [Cuaderno de Nueva York (1998)]

lunes, 16 de marzo de 2009

La Consagración de la Primavera

La Consagración de la Primavera
Grabado de Anhelo Hernández 0,75 x 0,57



"La sala se comportó como era previsible y se sublevó inmediatamente. Se reía, escupía, silbaba, repetía versos brutales; quizás el alboroto hubiera cesado si el grupo de los estetas y algún miembro de la orquesta no hubiesen replicado con insultos y amenazas al público de los palcos. La algarada, entonces, degeneró en pelea [...]. Tampoco ayudaba demasiado la confusa coreografía del, por otro lado, gran bailarín Vaslav Nijinski, criticada por el mismo compositor, por lo que la velada se saldó con un cruento fracaso. No obstante, una persona estaba feliz en todo ese maremágnum de gritos e imprecaciones. Era el empresario Sergei Diaghilev, el creador de los Ballets Rusos."

Así recordaba el escritor Jean Cocteau la velada del 29 de mayo de 1913 que figura en los anales como el día en que nació la música del siglo XX, con el estreno de "La Consagración de la Primavera". Existe mucha música ideal para harmonizar el instante en que se produce el equinoccio de primavera, que este año será el día 20 de marzo a las 13: 44, hora peninsular española. Yo personalmente, me elijo para una de las primaveras más ansiadas por mí tras un duro invierno, esta obra que Stravinski ideó tras una fugaz visión onírica:

"Soñé con una escena de ritos paganos en la que una virgen elegida para el sacrificio danza hasta la muerte".
De este sueño surgen estas "escenas de la Rusia pagana", en las que se celebra el despertar de la primavera revivificadora. Desde los primeros compases, Stravinski nos lleva hacia un ambiente arcaico y primitivo, a través de una harmonía, un ritmo y una instrumentación inauditos para el público del momento del estreno. Esta arrebatadora, bárbara y asombrosa partitura, para que os sirva de guía para su escucha, se compone de las siguientes divisiones:

Parte I: Adoración de la Tierra.

  1. Introducción: el fagot, en un registro insólitamente agudo, expone una melodía tomada de una colección de cantos lituanos. Se van añadiendo más instrumentos de viento hasta formar una gran algarabía con superposiciones de distintas tonalidades y ritmos. Al llegar la tensión a su máximo apogeo, el fagot vuelve a tocar el tema dando paso a
  2. Los augurios primaverales - Danza de las adolescentes: las cuerdas, percutiendo agresiva y rítmicamente, sostienen apariciones y desapariciones de pequeños motivos que en ningún momento recuerdan algún atisbo de tema.
  3. El juego del rapto: acentuación del clima de salvaje frenesí, en el que las trompas, efectúan llamadas propias del mundo de la caza.
  4. Rondas primaverales: un momento de sosiego, lento y misterioso, con cierto aire procesional, que poco a poco va intensificándose para preparar los
  5. Juegos de las tribus rivales: desenfrenada carrera en la que dos temas se oponen en una creciente animación.
  6. Cortejo del sabio - Adoración de la tierra - El sabio: ominosa marcha con un pesado ostinato que se interrumpirá bruscamente. Unos compases callados y misteriosos son rotos por un redoble de tambor que da paso a la
  7. Danza de la Tierra: con su demoledor crescendo en el que la cuerda, a velocidad vertiginosa, vuela sobre una fanfarria de los vientos que culmina seca y violentamente.

Parte II: El sacrificio.

  1. Introducción: bellísima pagina orquestal de impensables colores sonoros con un sólo de trompeta en piano sobre el que se levantan arabescos en las maderas, creando un aire misterioso, una atmósfera de encantamiento arcaica y poética.
  2. Círculos misteriosos de las adolescentes: se mantienen los colores y sabores de la Introducción.
  3. La glorificación de la elegida: estalla de nuevo el ritmo de forma salvaje y agresiva con contrastes entre las sonoridades sobreagudas de las flautas y el flautín con las graves de los timbales y las medias de las trompas. Un brutal acorde da paso a la
  4. Evocación de los antepasados: un austero y conciso coral del metal es contestado por la cuerda bajo el redoble de los timbales.
  5. Acción ritual de los antepasados: inalterable movimiento procesional con frecuentes e imprevistos cambios dinámicos culminado por un solo del clarinete bajo.
  6. Danza sagrada - La elegida: se inicia con un cortante acorde de la cuerda. La apoteosis rítmica vuelve, con una creciente tensión gracias a una pulsación muy marcada y a inquietantes contrastes tímbricos entre metales y cuerdas. La flauta, en un sencillo arabesco ascendente contestado por un violento acorde de toda la orquesta, pone punto final a esta impresionante obra.

Para disfrutarla, existen numerosas grabaciones para todos los gustos; usad vuestro instinto para elegir la que más os pueda llenar. También existen numerosos vídeos realizados por ballets de todo el mundo. En Youtube podréis encontrar muchos fragmentos de todos los colores.

Mientras escribía este artículo, la he ido escuchando en una versión dirigida por Pierre Boulez, que es la que ha ido inspirándolo.

¡Feliz equinoccio primaveral 2009!

sábado, 7 de marzo de 2009

Música para la Luna llena de Marzo

Portada de Mozart, El Gran Mago de Christian Jacq

El miércoles 11 de marzo, hacia las 3:39 hora española, la Luna Solar del Jaguar que inició el sábado 7 su noveno mes (ese día fue la noche azul rítmica de los Mayas) estará completamente llena en la constelación de Virgo.

La música ideal para esa madrugada, además de la que cada intuición designe, ha de estar en Re menor, tonalidad femenina de Virgo, representativa de la maternidad espiritual de los dioses.

Yo particularmente me voy a escoger el Requiem en Re menor para solistas, coro y orquesta KV 626 de Wolfgang Amadeus Mozart, por diversas razones: Mozart tenía el ascendente en Virgo (Fa mayor/Re menor), lo que musicalmente lo hacía perfecto pues su signo solar era el de Acuario (Sib mayor/Sol menor); las tonalidades de Virgo, en la harmonía clásica son las llamadas dominantes de las tonalidades de Acuario. No escribe demasiado Mozart en Re menor; tampoco en Sol menor, pero cuando lo hace, se trata siempre de Poesía Musical especialmente espiritual y con bastantes connotaciones ocultas (no olvidéis que, de 41 Sinfonías, sólo dos están en modo menor y ambas en Sol). Sol menor es la tonalidad femenina de Mozart y su dominante, nada menos que Re menor, la que ya he invitado ha hacer resonar en esta noche mágica del día 11.

El Requiem, al contrario de lo que la mayoría podría pensar (¿alguna vez han tenido razón las mayorías?) no es música de difuntos; es música de renacimiento, de REENCARNACIÓN, pues la muerte, para los poetas, no existe... En esta obra caminan las tonalidades mejor relacionadas con Re menor. Vamos a recordar como respira cada uno de los números de que se compone:
  1. Introitus (Re menor)
  2. Kyrie (Re menor; el tema principal dibuja la estrella de cinco puntas)
  3. Sequenz: Dies irae (Re menor); Tuba mirum (Sib mayor); Rex tremendae (Sol mayor); Recordare (Fa mayor); Confutatis (La menor); Lacrimosa (Re menor picarda)
  4. Offertorium (Sol mayor)
  5. Sanctus (Re mayor)
  6. Benedictus (Sib mayor)
  7. Agnus Dei (Re mayor)
  8. Communio: Lux aeterna (Re menor); Cum Sanctis tuis (Re menor; reaparece la estrella de cinco puntas y el último acorde es harmonizado sin tercera, por su discípulo Süssmayer quien lo acabó siguiendo las directrices de Mozart, simbolizando el paso de una vida a otra)

Relacionado con Mozart, no quiero terminar este pequeño artículo sin recomendaros una obra literaria muy documentada que recoge los aspectos más esotéricos de su vida. Se trata de la biografía novelada en cuatro tomos del doctor en egiptología por la Sorbona Christian Jacq, editada en español por Planeta internacional con los siguientes títulos:

  1. Mozart, el Gran Mago
  2. Mozart, el Hijo de la Luz
  3. Mozart, el Hermano del Fuego
  4. Mozart, el Amado de Isis

La obra ya ha sido editada también en bolsillo y podéis encargársela a vuestro librero de cabecera.

¡Que disfrutéis de esta semana mágica!

martes, 3 de marzo de 2009

JUAN JOSÉ en Radio Clásica

Lo prometido no es deuda, porque ya está aquí.
La ópera de Pablo Sorozábal JUAN JOSÉ, será retransmitida a través de Radio Clásica el domingo 22 de marzo a las 11.00 horas, a través del programa Concierto especial.
La grabación la podremos oír desde el Auditorio Nacional de Música de Madrid que, bajo el título de Ciclo de Jóvenes Orquestas fue realizada el pasado día 23 de Febrero de 2009.
Que la disfrutéis.

domingo, 1 de marzo de 2009

Por fin se ha estrenado la ópera "JUAN JOSÉ" de Sorozábal

Pablo Sorozábal


El pasado día 21 de febrero, a las 20 horas, en el Auditorio Kursaal de Donostia, tuvo lugar por fin el esperado estreno absoluto de Juan José, Drama Lírico Popular de Pablo Sorozábal (1897-1988). Concebido a partir de la obra teatral homónima de Joaquín Dicenta (1863-1917), estrenada en 1895 e interpretada a menudo en los años siguientes, Juan José era considerada por su autor como una de sus mejores obras, a la que pudo dedicarse en cuerpo y alma en su madurez, liberado ya de toda necesidad económica que tanto limita al arte. El retraso en su estreno, motivado por un imposible entendimiento del compositor con la ineptitud política y funcionaria de este país, le causó grandes disgustos. Tampoco en este caso se ha tratado de un estreno completo, pues Juan José se interpretará en versión concierto teatralizado bajo la dirección artística de Ignacio García. Al menos la obra ya ha visto la luz y pronto la podremos escuchar en diferido por Radio Clásica.

El estreno ha estado a cargo de la Orquesta Sinfónica de Musikene bajo la dirección musical de José Luis Estellés, repitiéndose dos días después, el 23 de febrero (vaya fechita... No tuvieron bastante haciéndole entre todos -fascistas y demócratas- la vida imposible al Maestro, que también se le escogen fechas con segundas...) en el Auditorio Nacional de Madrid.

Un importante elenco que, según he oído ha rebajado su caché para que todo sea posible, ha tenido el honor de poner en vibración el estreno: Manuel Lanza (Juan José), Ana María Sánchez (Rosa), Maite Arruabarrena (Isidra), Olatz Saitúa (Toñuela), Celestino Varela (Andrés), José Luis Sola (Paco), Simón Orfila (Cano), Alberto Núñez (Perico y Bebedor), Emilio Sánchez (Tabernero y Presidiario), Mario Cerdá, Iñigo Vila, Elena Barbé, Consuelo Garrés, Miren Urbieta (amigos y amigas), a los que se suma el actor y presentador Constantino Romero, en calidad de narrador.

Si nuestra administración tiene la suficiente vergüenza, espero que muy pronto esta obra se estrene en las condiciones necesarias en el Teatro Real, que sería el lugar idóneo para su escenificación y, ya que el maestro no pudo llevarse la merecida alegría en vida, al menos que su familia (su hijo y su nieto también son músicos y llevan su mismo nombre -Pablo Sorozábal-) lo puedan disfrutar.

He tenido el placer y el honor de dirigir algunas de sus obras más famosas (La Tabernera del Puerto, Katiuska, La del Manojo de Rosas y diversos fragmentos de otras composiciones) en diversos teatros de España, saboreando siempre su genial aportación al teatro lírico español pues, no sólo ha sido uno de los más grandes del género que conocemos con el nombre de "zarzuela", sino que ha sido un innovador que introdujo muchos elementos del lenguaje musical de principios del siglo XX, sin que por ello sus obras perdieran popularidad que ya es difícil.
Estoy tratando de averiguar qué día la retransmiten por Radio Clásica para no perdérmela y que también la podáis disfrutar los lectores de este blog.