domingo, 16 de diciembre de 2012

Don Germán cumple 130 años


Hacía muchos años que no acudía a un concierto dominical de la Banda Municipal de Música de Jerez, mi banda, en la que tanto aprendí en mi juventud y a la que tanto oficio le debo. Hoy no podía faltar. Se cumplían 130 años del nacimiento de su fundador, Don Germán Álvarez Beigbeder y los actuales músicos que la integran, con Luis Alfonso Román Cárdenas al frente, habían preparado un concierto extraordinario, con un programa enteramente dedicado al Maestro homenajeado.
La mañana en los Claustros de Santo Domingo ha sido muy grata por muchos motivos; por una parte, me ha traído numerosos recuerdos pero, sobre todo, ha sido muy gratificante porque he podido disfrutar de una banda que suena muy, pero que muy bien, a pesar de los tiempos difíciles que está soportando (en realidad, para esta banda siempre los tiempos han sido difíciles, pero siempre ha podido salir a flote incluso en la más adversas circunstancias).
La primera parte ha sido programada en base a la forma que Don Germán (así se le conocía en Jerez) mayormente cultivó: la marcha de procesión. De la importante colección de Oraciones Sinfónicas (así llamo yo a sus marchas, porque eso es lo que son...) que este músico nos dejó, hoy hemos vuelto a rememorar la lúgubre contenedora de mágicos silencios Al pie de la Cruz, que ha encabezado el concierto precisamente en Fa menor, tonalidad femenina del signo de Sagitario, bajo el que nació el maestro un 16 de diciembre de 1882. Desamparo, llevó mis recuerdos a aquel balcón de la calle de la Merced, desde el que su familia vivía la salida procesional de la Hermandad del Prendimiento, a cuya dolorosa está dedicada esta marcha rica en matices y olores. No ha faltado Ntra. Sra. del Mayor Dolor, con sus anacrusas dactílicas, a la vez que anapésticas. Vibraron los claustros, de manera especial, con los encadenamientos fundamentales en Re bemol mayor, llenos de una luz especial embotellada en acordes artesanos, como salidos de una mano artesana, cuando sonó Cristo de la Expiración (un pajarito me contó una vez que el maestro, cuando componía, ayudaba a sus neuronas con media botellita de fino y unas almendritas...). Tras el Cristo, siempre va la Virgen del Valle, a la que no faltan contrapuntos imitativos. Llena de fuerza, cerró la primera parte la impresionante y beethoveniana Amargura, con su saeta como contraste a fortísimos de fuego.
Hacía mucho tiempo que no escuchaba yo una interpretación tan ajustada, tan mimada, tan pasional, de este género de música. Cada plano sonoro en su sitio exacto, sin taparse ni estorbarse y, a la vez, en perfecta colaboración. Los pianísimos de los acompañamientos, percusión incluida, realzaron estas plegarias sonoras a su punto exacto; las melodías, sabrosamente afinadas, penetraron directamente en cada corazón latiente...

Tras un breve descanso, la música sinfónica beigbederiana nos invitó a viajar, en primer lugar al Magreb, a través de Rapsodia Africana, con sus adhan cantados por el almuédano saxofón tenor (Juan Manuel Salguero) y con sus sensuales melodías magistralmente expresadas por las solistas de clarinete (Mª Carmen Amezcua) y de oboe (Susana Soto). Esta obra, es posiblemente la más atrevida, harmónicamente hablando, de nuestro admirado compositor. Seguidamente, un recorrido sonoro por los Campos Jerezanos, con sus ritmos albarizos repletos de hemiolas y harmonías vídicas, nos transportó a la aridez de una tierra aparentemente seca, pero evocadora de siestas y por tanto de sueños (y ensueños). Los Puertos, una serenata andaluza cargada de poesía, a la que se le nota, con sus fortísimos arpegiados, su origen pianístico, puso en suerte al último de la tarde que, bajo el nombre de Navidad, dejó bien claro el conocimiento musicológico que Don Germán tenía de los romances y villancicos de su tierra, ensamblando en esta obra algunos de ellos con claro sabor a pestiños.
En conjunto, una mañana deliciosa, en un lugar delicioso y con unos músicos deliciosos, dirigidos con alma y energía juvenil por un maestro joven, que promete regalarnos millones de instantes de placer: Luis Alfonso Román Cárdenas.

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