
David, en hebreo דָּוִד, «el amado» o «el elegido de Dios»; c. 1040 a. C. - 970 a. C.), fue un rey israelita, sucesor del rey Saúl, al que curó la melancolía gracias al poder de la música sobre el alma humana. Su historia se narra en los libros del profeta Samuel y en los Salmos del Antiguo Testamento de la Biblia, una colección de ciento cincuenta poemas religiosos, compuestos por varios autores, atribuidos en su mayoría a nuestro protagonista, por lo que también son conocidos como «Salmos de David». Estos poemas no son sólo oraciones de fe; también constituyen un importante elenco de conjuros de gran fuerza, que ayudan a mejorar la salud, el trabajo, las relaciones y otras muchas gracias.
Músico arquetípico del Antiguo Testamento, David suele aparecer en las obras artísticas tocando y rodeado de instrumentos y músicos, como podemos ver en la imagen que preside este artículo, un manuscrito del siglo XII conservado en la Glasgow University Library, en el que nuestro rey toca el harpa mientras otros músicos tañen las campanas, el salterio, el rebec, las flautas, la fídula y la zanfonía para dos intérpretes.
Es abundante la música existente relacionada con David. Barajando posibilidades, me he quedado con esta canción de Leonard Cohen, Hallelujah, que empieza así:
He oído que existe un acorde secretoque David solía tocar, y que agradabaal Señor.Pero tú realmente no le das muchaimportancia a la música, ¿verdad?Era algo así como la cuarta, la quintacae la menor y sube la mayor.El rey, confundido, componiendo un aleluya.
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