martes, 15 de febrero de 2011

Alejandro Villatoro Santiago

Mi maestro Don Joaquín Villatoro tenía un hijo, también músico, al que la vida martirizó con una enfermedad mental. A pesar de su problema, que llevaba con gran sentido del humor de cara al exterior pero yo se que con gran melancolía interna, Alejandro (Alexis para los amigos) dejó una gran cantidad de amigos en Jerez de la Frontera, ciudad en la que vivió cerca de veinte años. Aún lo recuerdo con sus andares característicos y su risa peculiar. Miles de anécdotas inundan mi memoria, miles de momentos en los que me contaba su "último pensamiento filosófico", que acababa con la risotada de rigor.
A principios de los 80, jubilado su padre, marchó con él a vivir a Madrid y quiso la casualidad (¿existe la casualidad?) que, unos meses antes de su fallecimiento, concretamente en agosto de 1988, me lo encontrase en una tienda de música del centro de la capital y pasásemos una tarde inolvidable, contándonos miles de cosas. Un mes después, mi amigo Julio Lozano, en viaje a Madrid, también se lo encuentra (¿de casualidad?) y pasa otra tarde inolvidable con él. Meses después, en febrero de 1989, ambos nos enteramos que una meningitis se lleva por delante a Alexis (muchos también llegaron a conocerlo por el sobrenombre de Sasha) y ambos, en conversación, coincidimos en que los encuentros (¿casuales?) con nuestro amigo fueron en realidad una despedida que él, ser excesivamente elevado, estaba preparando antes de marchar al infinito.
Hace poco busqué una elegía que escribí unos días después de enterarme de la ida de tan gran amigo en aquel febrero de 1989 y hoy reproduzco aquí, por primera vez:

Llanto por la muerte de Alexis Villatoro

Prosas poéticas elegíacas

Febrero de 1989

Cuando un músico muere, un trozo de felicidad se despega de nuestro lado para elevarse al infinito de lo puramente perfecto, de lo celestial; un trozo de felicidad nos abandona para integrarse en lo místico de lo divino; un trozo de felicidad se desprende de la ignorancia terrenal para desintegrarse en lo verdadero, para acompasarse en esa gran maravilla rítmica que es El Universo.

Cuando un músico muere, un océano de melancolía baña nuestro sentimiento con aguas de soledad; un océano de melancolía rompe sus espumas en la playa del desconsuelo; un océano de melancolía inunda la costa de nuestra inspiración más íntima, asolándola, desgarrándola de nuestras entrañas huérfanas.

Cuando un músico muere, una esperanza frustrada agoniza en nuestro deseo inútil de placer artísticointelectual, casi imposible en tan yermo país; una esperanza frustrada se rebela en nuestro interior patetizando nuestra existencia; una esperanza frustrada se confraterniza con la incomprensión de la plebe que, despreciando ingratamente al intelecto de que ha sido dotada, prefiere la irracionalidad de los demás miembros de la zoología, por canalla pereza mental.

Cuando un músico muere, un discurso taciturno penetra en los sordos oídos de los regidores de nuestros destinos telúricos, para enrevesarse en las telas de araña que suplen las carencias de inquietudes en sus carcomidas almas; un discurso taciturno vaga marginado por todos los rincones de un poblado (de casi cuarenta millones de habitantes) que dormita desde que, hace quinientos años, un somnífero imperial inutilizara (sobre todo en el sur) la riquísima savia erudita que por él circulaba; un discurso taciturno, rauco de pregonar inútilmente, se desvanece en el caos.

Cuando un músico muere y además de músico ha sido siista [1], el optimismo queda viudo de su bella Afirmación y la vida naufraga en la zozobra y en la catástrofe; cuando un músico muere y además de músico ha sido un amigo, el espíritu se agita desesperado en su celda corpórea y demandante de tentaciones; cuando un músico muere y además de músico ha sido Alexis Villatoro, muere también el siismo, tiembla el pacifismo y la bondad se congestiona; la cordura se separa de la extravagancia; la luz y la tiniebla se interrogan sobre su propia veracidad y, la razón, desde su trono ficticio, se cabaliza sobre su propio existencialismo.

[1] El siismo es un movimiento filosófico creado por Alexis Villatoro, que consiste en eliminar todo lo negativo de la vida, para convivir con lo positivo. (N. del A.)

1 comentario:

  1. Que bueno Juan Carlos que dedíques tu espacio y tiempo para escribir a cerca de este buen amigo "All is Sí", he aquí la etimología segun el de su nombre.
    A los que tan bien conocimos a este gran musico y personaje de Jerez, sabemos que mas bien que enfermedad mental, fué una mezcla de incomprension, presiones paternales y mal de amor lo que le empujaron a vivir al borde de lo normal. Por lo demas, que bien, como el diría:
    hay que vé que alegria...
    Tampoco fué "casualidad" sino mas bien "causalidad" que fuí uno de sus ultimos amigos en visitarlo en su casa en Madrid dos semanas antes de su desaparicion.
    Aún conservo un regalo de suyo, el pricipio de su composicion siísta aunque lo mejor, el recuerdo de tantas discusiones filosóficas bajo un café... descafeinado para el. Saludos, Ignacio.

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