martes, 3 de febrero de 2009

Les élèves veulent savoir!

Jacques Chapuis


La trilogía de mis Maestros principales y especialmente queridos, se completa con un hombre inmenso que me abrió de par en par las puertas de lo más profundo y sublime de la música, de su unión con la naturaleza y con el cosmos y de su conexión con la actividad cotidiana en todos los parámetros de la vida, incluidos los curativos.
Conocí a Jacques Chapuis en Salamanca, durante un congreso de Educación Musical Willems, organización que presidió hasta su inesperada muerte en junio de 2007. Durante seis años, estudié periódicamente con él y con su esposa Béatrice los aspectos más fascinantes de la Música y su educación. Sus clases eran conferencias mágicas; sus conciertos pedagógicos, resucitaban a cada compositor disertado, a través de sus palabras justas, en las que nunca faltaba ni sobraba nada y, sobre todo, a través de su enorme fisonomía extrayendo del piano la lectura "entre notas" que ya predicó Mozart en numerosas ocasiones. Son tantos los recuerdos, que habría para un gran libro que ojalá algún día tenga tiempo de escribir, siempre que mi principal actividad profesional (la Educación a través de la Música) me lo permita.

El último día que lo tuve como profesor, mientras me examinaba de las durísimas pruebas necesarias para obtener el Diploma de Pedagogía Musical Willems, entre otras cosas me dijo estas palabras que quedaron grabadas tan nítidamente en mí, que cada vez que tengo dudas o contratiempos las oigo como si me las estuviera diciendo en directo: -"LES ÉLÈVES VEULENT SAVOIR! (¡Los alumnos quieren saber!)... Esta especie de mandato evangélico sigue vivo en mí a pesar de entrar a veces, desgraciadamente, en conflicto con los equivocados intereses materialistas de mis mundanos superiores laborales (¡PADRE, PERDÓNALOS PUES NO SABEN LO QUE HACEN!), que a veces me han llegado a ordenar incluso que me baje a la mediocridad. Les élèves veulent savoir!, LES ÉLÈVES VEULENT SAVOIR!, señores políticos y funcionarios... Mi egoísmo personal, así como el egoísmo de aquellos que "no saben lo que hacen", es claramente inferior a este mandato sabio de Jacques, que trato de cumplir todos los días posibles dentro de mis pequeñas posibilidades.

Para que se hagan una idea de la grandeza de Jacques Chapuis, dentro de lo mucho que podría escribir sobre él, les contaré una vivencia impresionante que tuve el honor de respirar un Domingo de Ramos de principios de milenio: llegamos a Madrid los alumnos habituales a estudiar con el Maestro durante ese fin de semana programado, cuando nos enteramos que el segundo de sus hijos había fallecido el jueves anterior; lejos de faltar a su cita pedagógica, tras haber estado junto a su hijo hasta el fatal desenlace, viajó al día siguiente hacia Madrid para no faltar a su deber de educador de educadores; estaba más cansado de la cuenta, pero se le veía hacer un gran esfuerzo para que sus enseñanzas no fueran enturbiadas por la pena interna que lo devoraba. Antes de despedirnos hasta el próximo encuentro, le hicimos entrega de un ramo de flores a él y a su esposa, pues también coincidía ese domingo con el aniversario de boda de ambos y, en ese instante, nos contó cómo había pasado todo; nos habló de las cualidades de su hijo (era ya el segundo que se le moría de cancer de garganta, por culpa del tabaco), nos dijo incluso que las ganas de vivir que había tenido siempre le habían hecho adquirir, ya en fase terminal, unas entradas para un concierto que le interesaba, cuya fecha precisamente coincidió con el día de la muerte, concierto al que evidentemente no pudo asistir en cuerpo, pero seguro que sí asistió en alma... Me impresionó como, sin perder la sonrisa, nos confesaba lo duro que era ese instante en el que la Naturaleza se invertía, pues "no era natural -decía- que los hijos se fuesen antes que los padres". Nos contó también que el entierro no tendría lugar hasta el martes, pues había que trasladarlo desde el país en que había residido (no recuerdo bien si Francia o Alemania) hasta Suiza, patria de los Chapuis. Así, tuvo tiempo de estar junto a su hijo hasta el jueves, venir a Madrid y posteriormente volver a Suiza para enterrarlo. En medio de todo esto, le cogió una huelga de transportistas (que poco saben los huelguitas de las leyes del Universo, que poca paciencia tiene el ser humano poco evolucionado para comprender que el secreto está en la evolución, que es lenta pero segura, espiritual y pacífica y no en la revolución, que es rápida pero diabólicamente sangrienta) que estuvo a punto de impedir que Jacques pudiera estar con su hijo en ese instante cumbre. Pero el Universo ayudó a Jacques que, al final, tozudo como en toda su vida, logró romper la barrera de la sin razón egoísta y logró llegar a tiempo a Suiza.

Si alguno de esos "que no saben lo que hacen" leen este artículo, podrán comprender mi desobediencia a bajar a la mediocridad pues, alguien muy elevado, un día me dijo que LES ÉLEVES VEULENT SAVOIR!

Gracias por todo Jacques; nunca seré tan grande como usted pero, si puede verme desde donde esté, no dude en reñirme cada vez que flaquee y no dude repetirme en voz alta todas las veces que lo estime oportuno que

LES ÉLÈVES VEULENT SAVOIR!

2 comentarios:

  1. BRAVO, BRAVO PROFE, ERES BUENO DE VERDAD.
    les élèves veulent savoir !

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  2. Gracias por estas palabras sobre Chapuis. Sin duda, fue un grande de la educación musical. Le admiro muchísimo y lamento no haberle conocido personalmente. Ví cómo daba clases a niños pequeños en una grabación (sé que hay más, pero parecen muy difíciles de encontrar) y me resultó muy inspirador.
    Descanse en paz

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Volaron a las esferas: